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CANNES 2022 ACID

Crítica: Magdala

por 

- CANNES 2022: A través de los extraordinarios talentos expresivos de Elsa Wolliaston, Damien Manivel ofrece una experiencia fílmica mística y sensorial, radical y agradable

Crítica: Magdala
Elsa Wolliaston en Magdala

A veces las palabras no sirven prácticamente para nada y además tampoco estaban allí, en el nacimiento del lenguaje cinematográfico. Es en esta esencia bruta de la imagen y del cuerpo que la habita en medio de un profundo bosque, entrelazada por sonidos de la naturaleza, que Damien Manivel decidió sumergir a la famosa bailarina y coreógrafa Elsa Wolliaston con la cautivadora Magdala [+lee también:
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entrevista: Damien Manivel
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, estrenada en ACID en el marco del 75º Festival de Cannes. El cineasta francés y su musa estadounidense (que ya trabajaron juntos en el cortometraje La Dame au chien y Les enfants d’Isadora [+lee también:
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, distinguido con el premio a la Mejor dirección en Locarno 2019) se embarcaron en una fascinante “fantasía de los últimos días de la vida de María Magdalena”, quien fue la discípula preferida de Jesús y cuyos escritos apócrifos (La Légende dorée) afirman que podría haber huido a Europa y haberse retirado en un bosque.  

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Un paso muy lento después de otro, inclinada, una imponente silueta envuelta en tejidos cansados avanza a duras penas en los helechos al anochecer, el aliento pesado, los cabellos grises. Y luego está la noche, inmóvil, como un eterno centinela, que observa y escucha. Por la mañana, inclina con delicadeza una rama para refrescarse con gotas de rocío antes de ponerse recta con la ayuda de un bastón y de ir a recolectar algunas moras. Llegada la noche, se comerá una, escondida en el hueco de su palma callosa. Después llega la oscuridad y su mirada poderosamente vacía a la luz tenue de un fuego que cruje. A la mañana siguiente, con la mano sobre un árbol, la mirada hacia la cima, una palabra, “Tú”. Una noche más tarde, llora, recuerda o sueña un clavo enterrado en un cuerpo, una visión de ella mucho más joven y murmura: “Mi amor”. A su alrededor, los insectos hacen su vida, los árboles susurran, las nubes pasan en el cielo. Mientras fabrica una cruz minúscula con un trozo de madera y hojas hierba, soporta una lluvia torrencial, traza signos en la tierra y sigue avanzando, tosiendo y gimiendo cada vez más, sufriendo, limpiándose en el agua de un torrente, y luego ofreciendo literalmente su corazón y abandonando poco a poco el bosque por zonas rocosas y una gruta donde la espera su destino, un ángel invisible bajo la apariencia de una joven que va a velar su alma hasta su último aliento terrenal.

Grabar la quintaesencia en su austeridad más radical necesita dos componentes indispensables: una persona carismática que controle hasta la menor inflexión corporal como lo es la impresionante Elsa Wolliaston y un director como Damien Manivel, dotado de una sensibilidad más que exhaustiva y una gran habilidad formal en la sencillez. Todo se une para una inmersión mística y sensorial en forma de oda a la naturaleza y al arte que cautivará a las mentes abiertas y todavía más a los amantes de la naturaleza.

Magdala ha sido producida por MLD Films. Best Friend Forever gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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