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PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia

Crítica: Madame Claude

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- A través de call-girls de lujo, matones, servicios secretos y el destino de una ambiciosa mujer, Sylvie Verheyde se adentra en la parte de atrás del mito de "la madama de la República"

Crítica: Madame Claude
Karole Rocher en Madame Claude

“Mis chicas trabajan en todo París. Mis asuntos van bien. Me llevo el 30 % (…) Me di cuenta muy pronto de que la mayoría de los hombres nos tratan como a putas. Decidí ser la reina de las putas. Hacer de nuestros cuerpos un arma y una armadura, no volver a sufrir”. Estamos en 1968, en uno de los bonitos barrios de la capital francesa y Fernande Grudet, alias Madame Claude [+lee también:
tráiler
entrevista: Florence Gastaud
ficha del filme
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(título de la nueva película de Sylvie Verheyde, inspirada en hechos reales y estrenada hoy en todo el mundo vía Netflix), regenta una pequeña y próspera empresa: las 200 mujeres cuidadosamente seleccionadas cuyos encantos negocia cortejando a los refinados representantes de las altas esferas políticas y económicas durante los últimos años del gaullismo. Pero la proximidad al poder es peligrosa…

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La película se adentra en los bastidores de este mundo fraudulento donde la protección de la policía se compra a cambio de información (pequeñas fichas con las preferencias sexuales “desviadas” de los ministros, por ejemplo) y la de la mafia parisina a cambio de sobres repletos de billetes y con una larga amistad de por medio (sobre todo con Jo Attia, interpretado por Roschdy Zem, que controla los conflictos entre delincuentes desde su bar-cabaret de Montmartre). Las chicas de Madame Claude (muy bien interpretada por Karole Rocher y sus facciones duras y opacas) se divierten en Castel, se visten de marcas de lujo, se cuentan sus encuentros con John Fitzgerald Kennedy o Marlon Brando, pero también pueden sufrir abusos por parte de sus clientes (“eso marca mucho, pero en dos días no se notará; una buena ducha, una buena siesta y listo”, “de los errores se aprende”, las consuela su jefa). Se esboza el retrato de la emancipación femenina de una atrevida chica de buena familia (Garance Marillier), que es acogida por la mujer que luego se convierte en “la madama de la República”.  

En resumen, Sylvie Verheyde dibuja el retrato de una mujer muy paradójica. Madame Claude borró la extrema pobreza de sus orígenes provincianos, se forjó una coraza (“no depender de nadie, protegida por el dinero y el poder; sin errores, debilidades ni talón de Aquiles”) y un estatus social (“en diez años, me convertí en una burguesa respetable y respetada. Nada podía pararme, intocable”), renunció a los sentimientos (“cuando empiezas a hacer dinero, atraes a los chacales. ¿Un hombre? Yo no tengo tiempo para el amor”) y cuida su negocio como si fuese la madre de una pequeña familia feliz (con cero preocupaciones). Pero su ascenso se cruza con un escándalo muy mediático (el escándalo Marković) y los servicios de inteligencia de la policía francesa (con Pierre Deladonchamps como intermediario) se inmiscuyen en sus negocios y hacen que sus chicas cumplan misiones secretas (y poco honorables) al servicio del Estado. Es el inicio de un engranaje que convierte a Madame Claude en un obstáculo…

Madame Claude, que combina el cine negro, el estudio psicológico de la protagonista, el relato novelesco (narrado en voz en off por la protagonista) y el reflejo de las costumbres de una época que borrarán los años 70, investiga el reverso de una mitología muy bien documentada y en una atmósfera de frío-calor y de distancia controlada que refleja la personalidad compleja de una mujer cuya notoriedad ha pasado a la posteridad. Una densa zona gris que otorga a la película una serie de cualidades (un personaje principal mordaz, un muy buen reparto y una gran diversidad de escenas, principalmente corales), pero también algunos defectos (subtramas poco trabajadas y un esbozo rápido de varios acontecimientos); la factura policíaca, sexy y “feminista” de la película la convierte en un producto adecuado para Netflix.

Madame Claude ha sido producida por Les Compagnons du Cinéma con Wild Bunch (que también gestiona las ventas internacionales), TNG Productions y Dum Dum Films.

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(Traducción del francés)

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