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PELÍCULAS / CRÍTICAS México / España

Crítica: El diablo entre las piernas

por 

- Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego vuelven a demostrar que no se autocensuran en sus tragedias mexicanas, repletas de sexo, celos, sombras, miserias y humor cruel

Crítica: El diablo entre las piernas
Patricia Reyes Spíndola y Alejandro Suárez en El diablo entre las piernas

El Festival de Málaga recompensó el año pasado con la Biznaga de Plata a la mejor dirección al mexicano Arturo Ripstein, de 77 años, por su labor al frente de la coproducción El diablo entre las piernas [+lee también:
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. Quien conozca su filmografía sabe que al lado de este gran cineasta se encuentra una igual de enorme (y genial) guionista: Paz Alicia Garciadiego. Ambos forman una de las parejas más atrevidas, salvajes e interesantes no solo del cine de su país, sino mundial, que no se amilanan ante modas, miedos y censuras (impuestas o auto infligidas).

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Prueba de ello era su precedente largometraje La calle de la amargura [+lee también:
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(2015) y éste que ahora llega a las salas cinematográficas españolas. En ambos aparece la actriz fetiche del director (Patricia Reyes Spíndola), pero se ha sustituido la sordidez urbana y nocturna, poblada de enanos, chulos y prostitutas de la anterior por una historia más diurna y casera, pero al mismo nivel de osadía como espejo del ser humano y sus bajezas.

Aquí apenas son un matrimonio, su criada y la amante del esposo los personajes que aparecen (más algún episódico, como ese compañero de baile encarnado por Daniel Giménez Cacho), pero que no espere el espectador encontrar la armonía doméstica de Roma, de su compatriota Alfonso Cuarón. No, en esta casa reinan las sombras, y no sólo en sus habitaciones, también en el alma de sus habitantes.

Por ejemplo, el Viejo (Alejandro Suárez) es un celoso de tal calibre que, mientras se la pega a su esposa con una vecina, acusa a su mujer de estar siempre en celo y de haberse acostado con muchos hombres en su juventud. Ambos ya peinan canas, pero esa insistencia del macho en castigar a su esposa logrará el efecto contrario: que Beatriz (Silvia Pasquel) recupere ese deseo carnal que parecía marchitarse con los años. Así pues –y ahí es donde más se percibe el pulso guerrero de Garciadiego– la sexualidad femenina, en un país donde el machismo es más poderoso que el fantasma de Cantinflas, se erige en bandera de esta tragedia con aroma griego, acento del Distrito Federal y fotografía en precioso –que no preciosista– blanco y negro.

Con una puesta en escena clásica y teatralizada, sin un solo primer plano, pero con numerosos planos secuencia –el que cierra el film es especialmente admirable por su elegancia y rotundidad–, donde la cámara en ocasiones parece bailar un tango sinuoso alrededor de los actores, Ripstein y compañía vuelven a derrochar humor inteligente y seco al ridiculizar sin piedad, otra vez, las cloacas de su país y de la especie presuntamente más inteligente del planeta. Demostrando, como la brava protagonista grita “¡Estoy vieja y caliente!”, que ellos también lo están.

El diablo entre las piernas es una producción hispano-mexicana de Alebrije Cine y Video, Oberon Cinematográfica, Carnaval Films, Fina Films y Fidecine, y Estudios Churubusco Azteca; con la colaboración del Programa Ibermedia. La distribuye en España Wanda Visión, que la estrena en salas de cine el viernes 26 de febrero.

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