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GÖTEBORG 2021

Crítica: The Salt in Our Waters

por 

- El primer largometraje del bangladesí Rezwan Shahriar es una película directa y cálida que trata temas como la autoridad, la libertad personal, la religión y el cambio climático

Crítica: The Salt in Our Waters

La ópera prima del guionista y director bangladeshí Rezwan Shahriar Sumit, The Salt in Our Waters [+lee también:
tráiler
ficha de la película
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, se ha proyectado en la sección Ingmar Bergman Competition del Festival de Cine de Göteborg, después de haber participado en los festivales BFI de Londres y Busán. Es una película alegre y cálida que trata temas como la autoridad, la libertad personal, la religión y el cambio climático, a través de la historia sincera de un hombre de ciudad que vuelve a la aldea de su difunto padre.

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Conocemos al escultor treintañero Rudro (Titas Zia) en un puerto del Golfo de Bengala mientras intenta comprender la necesidad de sobornar a un oficial que no le dejará subir al bote su gran caja de madera sin inspeccionarla. Cuando llega a su destino, una remota isla manglar en el delta de Bangladesh, es cariñosamente recibido por su anfitrión, Bashar (Ashok Bepari), y un grupo de hombres que se muestran encantados de bajar la carga gratis. También lo recibe el jefe de la aldea (Fazlur Rahman), a quien llaman “Presidente”, un líder moral y religioso.  

Rudro ha venido a la isla a inspirarse para su nueva creación. Cuando los hombres abren la caja, ven tres figuras humanoides envueltas en plástico, y se estremecen. Bangladesh es un país musulmán, y la diferencia entre ídolos prohibidos y esculturas artísticas no está muy clara.  

Al optimista Rudro le encanta la sencilla cabaña de playa que le alquila Bashar. Saca sus esculturas, empieza a trabajar en ellas, y algunos niños de la aldea, liderados por el hijo menor de Bashar, Taher, muestran interés. Pronto, un grupo de niños se reúne en el estudio y trabajan la arcilla. Los hombres de la aldea los miran con desprecio, ya que lo ven como una afrenta a Alá. La hermana mayor de Taher, Tuni (Tasnova Tamanna), también se siente atraída por el forastero, pero debe tener mucho cuidado.

Cuando el primer día de la temporada de pesca, que es la principal fuente de sustento de la aldea, los botes vuelven casi vacíos, Presidente culpa a la “idolatría” de Rudro. El hombre instruido da una explicación climática pero su esfuerzo resulta en vano, y se crea una atmósfera tóxica. Los peces regresan al día siguiente, confirmando la predicción de Rudro y permitiéndole recuperar un poco del respeto perdido, pero volverá a ser blanco de las críticas al ser visto a solas con Tuni.

Más tarde, se acerca un ciclón y Presidente presiona a los pescadores para que salgan a pesar, sin tener en cuenta las advertencias de la radio, ya que Alá los protegerá. Por supuesto, Rudro tiene una opinión completamente diferente y su inherente sentido de la humanidad lo obliga a actuar en consecuencia.  

Es una historia directa y simple que contrapone dos visiones del mundo, pero el personaje tolerante de Rudro hace de filtro que previene un conflicto simplificado, de blanco/negro. La película también parece muy honesta, como si reflejara exactamente lo que el director piensa y siente sobre su país.  

En cuanto a los efectos visuales, la película es una fiesta. La mayoría de los cielos están nublados, por lo que la arena se ve ocre, en lugar de dorada, y las aguas poco profundas tienen un color amarronado. La escena más notable tiene como protagonista a un enorme petrolero varado en la arena: una imagen postapocalíptica que insinúa el cambio climático, un problema al que Bangladesh se enfrenta de una forma más directa que otros países.  

A menudo, la directora de fotografía tailandesa Chananun Chotrungroj, con su cámara de mano, se centra en lo táctil y en lo dinámico: las manos de los niños haciendo esculturas, los rostros sudorosos de los hombres lanzando cañas de pescar desde sus botes y los cuerpos de las mujeres envueltos en saris mientras trabajan en el jardín.

The Salt in Our Waters es una coprodución entre la compañía bangladeshí mypixelstory y la francesa Arsam International. La británica Film Republic gestiona las ventas internacionales.  

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(Traducción del inglés)

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