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SITGES 2020

Crítica: Baby

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- Juanma Bajo Ulloa sigue demostrando que no es un cineasta acomodaticio con este arriesgado cuento macabro, sin una sola línea de diálogo, al que se adora con vítores o se detesta profundamente

Crítica: Baby
Rosie Day en Baby

¡Bravo por los cineastas valientes! ¡Olé por aquéllos que no se adaptan al sistema! ¡Aplausos a quienes arriesgan en cada nuevo trabajo! Sin duda, Juanma Bajo Ulloa pertenece a este grupo de bravos equilibristas desde que, con apenas 23 años, se atrevió a rodar Alas de mariposa, que el Festival de San Sebastián en 1991 recompensó con su Concha de Oro. Pero los tiempos han cambiado, las sensibilidades y, sobre todo, los derroteros de una industria cinematográfica demasiado pendiente de las cifras económicas. Por eso Baby [+lee también:
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, su sexta película de ficción, que compite esta semana en la Sección Oficial del 53º Festival de Sitges (además, el proyecto formó parte de su iniciativa Fantastic 7 - leer más), tal vez no obtenga los laureles de aquella simpar ópera prima.

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Porque Baby es riesgo de alta graduación, desde su minuto uno. Muda (como Blancanieves [+lee también:
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entrevista: Pablo Berger
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, de otro vasco, Pablo Berger, aunque aquel título jugaba en otra liga, homenajeando al cine clásico, con cartelones incluidos), no contiene diálogos y presenta un argumento incómodo: a una chica drogadicta que da a luz un bebé, para poder adquirir más heroína, no se le ocurre mejor idea que vender a su criatura; al poco tiempo se arrepiente de su error y hace todo lo posible por recuperarla.

A partir de ahí Bajo Ulloa articula un cuento negro y tenebroso donde unas brujas maléficas habitan un caserón en medio del bosque, a donde acaba llegando la pobre protagonista. No aparecen figuras masculinas en todo el metraje y sí está presente una naturaleza –a la que todos pertenecemos– que no cesa de evolucionar, crear y destruir en su ilimitada belleza. Porque Baby es, ante todo, un film de hermosa factura (gran labor de Josep Maria Civit tras la cámara), con planos sensibles y poéticos y una puntillosa puesta en escena, subrayada con su banda sonora (espectacular composición de Koldo Uriarte y Bingen Mendizábal) y seleccionadas canciones.

Cine pues puro, en el sentido en que apuesta por la imagen y no confía su narrativa en las palabras, exigiendo quizás demasiado a un espectador acostumbrado al ensordecimiento de la sala de centro comercial. Por eso fascina o repele, entusiasma o es odiada, como siempre lo ha sido el cine de este vecino de Vitoria que saca partido de las calles de su localidad y de localizaciones hechizantes de Álava, Vizcaya y Burgos, mientras aborda peliagudos temas como las dependencias, la mercancía humana, la maternidad conflictiva y la opción a reinventarse.

No quiero acabar esta crítica sin destacar el trabajo de sus actrices, volcadas en la gestualidad, el gran guiñol y la fisicidad, sobre todo en el trío malasombra que hace la vida imposible al personaje de Rosie Day: una irreconocible con su peluca albina Natalia Tena, una retorcida y malévola Harriet Sansom Harris y una encantadoramente ambigua Mafalda Carbonell, la hija de Pablo que ya demostró poseer un chispeante talento en Vivir dos veces [+lee también:
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Baby es una producción de La Charito Films y Frágil Zinema, que ha contado con la colaboración y el apoyo de Televisión Española e ICAA. De sus ventas internacionales se encarga Latido Films.

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