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CINÉMA DU RÉEL 2020

Crítica: Bring Down The Walls

por 

- El británico Phil Collins firma un comprometido y original documental sobre los desajustes de la política carcelaria estadounidense y el desarrollo de la música house

Crítica: Bring Down The Walls

“Es un espacio de conexión, de transformación, de liberación personal y colectiva”. En pleno centro del distrito de Lower Manhattan, en el antiguo cuartel de bomberos nº 31, un ágora muy particular invadió sus instalaciones en 2018. Durante el día se organizan talleres, debates y consultas jurídicas en torno a la política de encarcelación masiva que ejerce Estados Unidos desde los años 80, antes de que el lugar se transforme en una discoteca gratuita y muy animada (“nosotros cerramos más tarde y somos más fuertes y más intensos que todas las discotecas cercanas”). El cineasta británico Phil Collins (que actualmente reside en Alemania) inició este proyecto ciudadano después de haber realizado entrevistas en la prisión de Sing Sing, de donde extrajo el sorprendente documental Bring Down The Walls, que compite en el Festival Cinéma du réel (celebrado online hasta el 22 de marzo para el jurado y personal acreditado) después de haberse proyectado en la sección Deep Focus del Festival de Róterdam.

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La película, que contiene una treintena de testimonios, se centra en la realidad humana de una industria carcelaria para la que “el castigo no es la consecuencia del crimen, sino que está vinculado a la agenda de intereses políticos, económicos y de representación mediática del crimen”. ¿El balance estadístico? Cerca de 2,2  millones de personas encarceladas, más del doble en libertad condicional y prácticamente 20 millones de estadounidenses con antecedentes penales, la mayoría afroamericanos y latinos. Una situación que transforma la vida de muchas personas de entornos desfavorecidos en un círculo vicioso que conduce a vidas enteras entre rejas debido a la extrema dureza de algunas penas (“hay personas que están en la cárcel desde hace 20 o 30 años por simple posesión de droga”), de la acusación a veces arbitraria y abusiva de “miembro de una banda”, y de una distorsión social provocada por la práctica de fianzas. “¿Cómo frenar el aumento de la población carcelaria y conducir a los prisioneros hacia lo que llamamos mundo libre?” (sin olvidar los avances tecnológicos que los detenidos desconocen al salir de prisión) se pregunta Bring Down The Walls, a partir de las historias personales de antiguos prisioneros y de reflexiones sociopolíticas de activistas abolicionistas (“la ley y la justicia son dos cosas distintas y para que las cosas cambien, los activistas deben cuestionar la ley”).

Paralelamente, la película reconstruye el nacimiento y expansión de la música house, anclada en las comunidades marginadas (gay, negro, latino, queer, etc.), en un momento en que la política de encarcelación masiva llegó a su apogeo a principios de los años 80. Desde los inicios del house en Nueva Jersey al ambiente de libertad y unidad del mítico club New York Paradise Garage (que cerró sus puertas en 1987) pasando por la música actual del cuartel de bomberos nº 31, Bring Down The Walls demuestra (con ayuda de secuencias que aportan emoción a una película comprometida y alternativa que ambiciona deconstruir el sistema y el espíritu) que “si el house es un sonido, es también una sensación; y una sensación nos permite romper los muros que nos separan unos de otros y alcanzar la libertad, aunque sea por una hora”.

Bring Down The Walls ha sido producida por Sinisa Mitrovic para la sociedad alemana Shady Lane Productions, que también gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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