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IDFA 2019

Crítica: I Walk

por 

- En su último largometraje documental, Jørgen Leth examina su propia vulnerabilidad tras haber experimentado un evento traumático

Crítica: I Walk

En la secuencia inicial del último trabajo de Jørgen Leth podemos ver al director tumbado dentro de una máquina de resonancia magnética. En un entorno blanco y estéril, Leth nos presenta los problemas que guiarán esta investigación experimental. La secuencia marca el comienzo de un estudio exhaustivo, una exploración metafórica de su psique, que se ve obligada a soportar las molestias físicas del envejecimiento. En I Walk [+lee también:
tráiler
entrevista: Jørgen Leth
ficha del filme
]
, el aclamado cineasta experimental y poeta danés se enfrenta a una autoexaminación crítica de sí mismo. El documental ha tenido su estreno mundial como parte de la Competición oficial del 32º Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (IDFA).

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Después de sobrevivir a una serie de terremotos que azotaron Haití en el año 2010, Leth, que había estado residiendo en el país de forma intermitente, tuvo que enfrentarse a su propia mortalidad. Desde entonces el director no ha podido caminar con normalidad, una situación difícil de aceptar a la que trata de aportar cierta coherencia en este proceso. Sus pies, sus piernas, su oído... Nada funciona como antes. "Tengo que acordarme de levantar los pies al caminar", confiesa Leth en un tono burlón. La tensión radica en el hecho de que su mente todavía tiene un gran impulso creativo, un impulso que, por primera vez en su carrera, se ve lastrado por su condición física. Esta situación pone al descubierto su ego y sus miedos, ya que es incapaz de presentarse al mundo exterior.

Todo esto le lleva a un laberinto de fascinación consigo mismo y a un conflicto interno, narrado en la película mediante una combinación de imágenes, recuerdos y citas que abarcan el pasado y el presente. Avanzamos febrilmente a través de numerosas imágenes de su trabajo y su vida en Haití, así como de su última iniciativa: un proyecto de arte en la selva de Laos. Resulta complicado seguir el hilo de todas estas secuencias, lo que de alguna forma nos permite empatizar con el sentimiento de Leth.

El enfoque experimental de I Walk encaja perfectamente con la obra del cineasta, presentando una exploración subjetiva de la vida que recuerda a algunos de sus trabajos anteriores, como The Perfect Human. En ese sentido, I Walk es la quintaesencia del estilo personal de Leth, que documenta todo lo que está pasando con su iPhone. El danés busca encontrar el significado de sus experiencias, por lo que debe filmar todo lo que ocurre. Todo podría ser relevante, así que es necesario examinarlo a fondo.

Leth emplea imágenes de la selva, donde no se aprecia ningún orden ni definición concreta, para reflejar su caos interior. Este enfoque formal también se ve representado en la historia, cuando contrata a un grupo de carpinteros laosianos para que le ayuden a crear un marco donde colocar "su" trozo de jungla. Entre todos logran construir un recuadro de madera, de color rojo brillante, montado sobre un pabellón. Al principio parece un esfuerzo absurdo, sin una razón clara, hasta que Leth asegura que ya entiende la función del marco (aunque probablemente se refiera al marco de su propia vida). Una imagen aérea nos muestra las copas de los árboles, abarcando un mundo repleto de innumerables organismos, un sistema en sí mismo. Algunos de estos aparecen enmarcados en el recuadrado, en un intento final por contener el caos. Al parecer, dejarse llevar es la única opción.

I Walk es una producción de Sigrid Jonsson Dyekjær para Danish Documentary.

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(Traducción del inglés)

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