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SAN SEBASTIÁN 2019 Competición

Crítica: A Dark-Dark Man

por 

- La coproducción entre Francia y Kazajistán de Adilkhan Yerzhanov es un policiaco con gotas de humor que intenta arrojar luz y esperanza sobre una turbia atmósfera, bellamente filmada

Crítica: A Dark-Dark Man
Dinara Baktybayeva y Daniyar Alshinov en A Dark-Dark Man

Quizás este film, A Dark-Dark Man [+lee también:
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, coproducción entre Francia y Kazajistán, dirigido por Adilkhan Yerzhanov, sea uno de los títulos más extraños , incomprendidos y peculiares de la Sección Oficial a Concurso de la edición número 67 del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Resulta áspero penetrar en su atmósfera, comprender a muchos de sus personajes y posar la mirada sobre sus desérticos escenarios. Aun así, si se supera su primera media hora de visionado, una especie de seducción extraña acaba inoculando al espectador, fascinado por la fotografía pálida y los encuadres estilosos por gentileza del director de fotografía Aydar Sharipov, la banda sonora de resonancias electrónicas de Galymzhan Moldanazar y un guion –escrito por el director junto a Roelof Ene Minneboo– que no se parece a casi nada pero que tiene asideros cinematográficos reconocibles.

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Por ejemplo, A Dark-Dark Man (el título se refiere a las palabras iniciales de un cuento que relata uno de los personajes centrales), comienza como un western del Este, si es que algo así de incongruente pudiera existir: con un cowboy estepario intentando emular a Gary Cooper (desnortado). Pero sólo es un destello, un homenaje –irónico– a las películas de vaqueros dentro de un policíaco turbio y retorcido protagonizado por un policía que intenta esquivar la investigación rigurosa del asesinato de un niño dentro de un microcosmos de corrupción generalizada y aceptada.

No busquen retrato ni metáfora político social local en este film sin ley, pues como ha asegurado Yerzhanov, la película no pretende reflejar la situación de ningún país en concreto, sino denunciar esa oscuridad sin valores ni ética en la que parece sumido el mundo actual, donde sólo algunos seres –los niños, las mujeres– conservan la inocencia y consiguen con su influencia que algún criminal logre escapar del negro agujero donde está atrapado. Precisamente la figura de una periodista –ataviada con una gabardina en plan detective de cine clásico– será la que dé un giro inesperado a la existencia mortecina del protagonista.

Es pues la película una reinterpretación del noir francés en escenarios inhóspitos, con una atmósfera malsana que emparenta lejanamente con Twin Peaks y un existencialismo trágico y humorístico a la vez que exige demasiado esfuerzo al público poco acostumbrado a transitar por narrativas que no se acoplan a lo estándar: “Cuanto menos típico sea un personaje, más me interesa”, ha confesado en Donostia el director de The Gentle Indifference of the World [+lee también:
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entrevista: Adilkhan Yerzhanov
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. Con su último film lo ha demostrado.

A Dark-Dark Man es una producción de las compañías de Kazajistán Astana Film Fund y Short Brothers junto a la francesa Arizona Productions.

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