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CANNES 2019 Quincena de los Realizadores

Crítica: On va tout péter

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- CANNES 2019: El nuevo documental de Lech Kowalski, una película política conmovedora, se adentra en la lucha social, desesperada y digna, de los empleados de GM&S

Crítica: On va tout péter

“La cuchilla va a caer. La reacción de la gente no será fácil. El comprador hará el trabajo sucio de los despidos. Será doloroso”. Tienen cincuenta años, varios decenios de trabajo en la misma empresa, en el departamento francés de la Creuse, donde el empleo es más que escaso. El cineasta estadounidense de origen polaco Lech Kowalski (premiado en Venecia en 2005 por A l’Est du paradis) se sumerge en la lucha social de los 277 empleados de la fábrica La Souterraine, propiedad del fabricante de piezas de automóviles GM&S. En 2017 y durante siete meses, con mucha empatía y una cámara cercana grabó On va tout péter [+lee también:
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ficha del filme
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, un documental comprometido (fue detenido por ultraje y rebelión durante el rodaje) y profundamente humano que se ha estrenado en la 51ª edición de la Quincena de los Realizadores del 72º Festival de Cannes.

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Varias botellas de gas y un sistema de detonación esperan una chispa en la fábrica ocupada, donde el clima de desesperación ante un futuro incierto contrasta con la solidaridad y con una ingeniosa estrategia para salvar lo que se pueda mediante presiones al gobierno, a los principales clientes de la fábrica (en particular, Renault y PSA) y al potencial comprador. El objetivo: limitar al máximo el número de despidos y negociar una prima excepcional para los que no podrán evitar una salida forzosa. Y todo bajo la atenta mirada de los medios de comunicación, que siguen las peripecias de la lucha. “Yo no soy Papá Noel”, declara en uno de los múltiples episodios de esta defensa heroica, el nuevo presidente de la República, Emmanuel Macron, que también promete una célula de crisis e intenta influir en el Estado, accionista de gigantes de la industria automovilística francesa. Pero sobre todo, asistimos a un juego cruel del gato y el ratón con negociaciones blandas e insignificantes en el Ministerio de Economía de París; y acciones de los GM&S para transmitir su mensaje tanto desde su territorio (incendios controlados, ruedas de prensa sobre la falta de acuerdo) como fuera de él (bloqueos en los accesos a las fábricas de Renault y PSA mediante sentadas disueltas por los CRS, que los esperan formados). Entre barbacoas, noches en tiendas de campaña y trayectos en bus, los empleados amenazados se adaptan e improvisan, orgullosos de no rendirse y al borde de las lágrimas.

Lech Kowalski pone caras conmovedoras a esta lucha de condenados, con Yann, Jean-Marc, Vincent, René, Petit Lu y tantos otros, subrayando su rechazo a la violencia y la dignidad de sus reivindicaciones, mientras su voz en off comenta la belleza trágica de estos resistentes en un mundo insensato de deslocalización del empleo, donde “el beneficio de unos pocos significa el fin del futuro de todos” y la ruptura del pacto social del trabajo. Un discurso muy político, propio de la carrera de un director que siempre se ha posicionado del lado de los marginados; con una sensibilidad comprometida que, en esta película, le permite reconstruir los acontecimientos a través de su arte consumado de operador de cámara y editor en una época en que, como dice él, “la realidad supera la ficción”.

On va tout péter ha sido producida por Revolt Cinema (la sociedad del cineasta), con el apoyo de Arte France Cinéma y Arte France. Revolt Cinema gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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