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España

Víctor Matellano • Director de Mi adorado Monster

“Traslado al cine mis juegos infantiles”

por 

- Charlamos, rodeados de libros y dvds, con este amante del fantaterror español, que estrena un documental donde retrata a un cineasta que tardó 20 años en acabar su única película

Víctor Matellano • Director de Mi adorado Monster

Ocho y medio es la librería ideal del cinéfilo más recalcitrante: ubicada en la denominada calle del cine y enfrente de dos complejos de multi salas de versión original, suele ser punto de encuentro de “cinéfagos” madrileños. Con uno de ellos, Víctor Matellano, nos citamos allí para hablar de su último trabajo, el film de ¿no ficción? Mi adorado Monster [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Víctor Matellano
ficha de la película
]
, donde retrata a un hombre real, Arturo de Bobadilla, que vive por su sueño: rodar la película Los resucitados.

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Cineuropa: ¿Por qué mantener Monster así, en inglés, en el título?
Víctor Matellano:
Está buscado, como aparece en el film, debido al mundo de Famous Monsters, porque hay vinculación con la mítica revista (el cartel de mi película la homenajea). Y además, nuestro fantaterror siempre fue mimético; intentaba no parecer español, jugaba a ser otra cosa.

El año pasado coordinaste al equipo de directores del film Vampus Horror Tales… ¿hay jóvenes cineastas que siguen la estela de Paul Naschy y coétaneos?
Creo que sí. Ha existido una evolución muy interesante con todo esto. El nexo de unión que hubo entre aquellos cineastas de los setenta, pero reinventado de otra manera, y las nuevas generaciones es Álex de la Iglesia. El cine de otros cineastas actuales no tiene tanto que ver. En el momento en que se rueda Los resucitados, el cine fantástico y de terror español estaba un poco denostado, con el mismísimo Naschy haciendo obras bajas. Ahora nos encontramos en el polo opuesto, sin prejuicios. Es curioso, porque el fantaterror de los años setenta era muy taquillero, más que la comedia. Se vendieron mucho hacia afuera, pero ya determinados críticos los denostaban. Luego, hubo otros, alguno muy engolado que no quiero citar, que lo odiaron mucho más en los años noventa. ¿Pero qué ocurre con las nuevas generaciones? Que ven ahí un divertimento, un juego, como las películas de las Hammer… Y no son Ciudadano Kane, por supuesto.

Ni quieren serlo…
Exacto. Esta misma semana se repone Mil gritos tiene la noche, de Juan Piquer Simón, del año 82: algo tendrá cuando se sigue viendo. Esto lo comento habitualmente con José Lifante, actor al que llaman mucho, no por haber trabajado con Berlanga, con todos mis respetos, sino por esas películas de fantaterror que interpretó. Los nuevos directores están mirando a ese cine, sin ningún problema ni prejuicio.

El no tomarse demasiado en serio quizás sea su mayor encanto.
Es un juego. Paul Naschy sí se tomaba esto en serio, pero Jess Franco y los demás sabían lo que hacían: algunos tenían más conciencia del producto industrial, como Eugenio Martín, pero el resto no… querían ganar dinero pero, sobre todo, pasarlo bien.

¿Cómo se te encendió la bombilla para contar la peripecia de Arturo de Bobadilla?
Cuando escucho al actor Manuel Tallafé contar la historia del rodaje de Los resucitados. Yo conocí a Arturo en casa de Naschy hace años, quien ya me lo contaba también, pues intervino en esa película. Es una historia maravillosa: pero yo no sabía que me iba a encontrar, y lo descubro durante el proceso, el viaje interior del personaje central.

¿Y qué tienes en común con Arturo de Bobadilla?
He tenido circunstancias personales y profesionales diferentes a las suyas, pero sí me identifico con él en el hecho de que todos somos perdedores y ganadores, y luchamos por nuestros sueños. Él fue de los primeros que se puso a rodar un fanfilm, como Carpenter, Tarantino o Spielberg, aunque los demás con la suerte de tener una infraestructura y un cierto orden. Pero yo no dejo de jugar constantemente: aquellos juegos infantiles míos los traslado al cine, y eso tiene que ver mucho con Arturo. Y creo que en Mi adorado Monster hablamos también de la fragilidad humana: después de la pandemia somos más frágiles.

¿De qué manera involucras a tantos actores, como los que aparecen en el film, en este “juego”?
Han ido viniendo de la mano: de la de Tallafé, del productor Enrique López Lavigne y de la mía. Son todos amigos. Enrique ha sido un elemento fundamental, porque te lleva a poner la duda sobre el proyecto, no va a lo fácil: tiene un concepto muy creativo, no sólo de productor y de industria. Es muy interesante que este tipo de viaje se haga con gente que habla tu mismo lenguaje. Él entendió que había que contarlo como una experiencia vital, que no se quedara en lo superficial. Mi adorado Monster es como un velatorio, donde se llora, pero también se ríe a veces.

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