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Fridrik Thor Fridriksson • Director

Aventuras islandesas

por 

- El director de Children of Nature, candidato a los Oscar en 1991, habla de sus colegas y de la industria cinematográfica de su país

Fridrik Thor Fridriksson • Director

Director, productor, guionista, Fridrik Thor Fridriksson es uno de los protagonistas de la comunidad cinematográfica islandesa. Nacido en Reykiavik en 1953, comenzó su carrera de director al inicio de los años ochenta, profundamente influido por el cine estadounidense y, sobre todo, por Kurosawa. En 1987 fundó Icelandic Film Corporation, convertida pronto en la más importante productora de su país y relacionada con muchos socios europeos, entre ellos Zentropa y Zoetrope de Coppola. En 1991 con Children of Nature (Hijos de la naturaleza), fue finalista al Oscar a la mejor película extranjera. Visionario e irónico, profundamente ligado a las raíces culturales de su tierra, Fridriksson es un director muy amado: en 2000 más del 50 por ciento del público islandés había visto en el cine su Angels of the Universe (Ángeles del universo). Su nueva película, Falcons (Halcones), es una insólita película de viaje nórdica interpretada por un callado y enigmático Keith Carradine y una locuaz y maravillosamente ingenua Margrét Vilhjálmsdóttir. El director islandés habla con Cineuropa.org de su cine y de la situación en Islandia.

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¿Cómo empezaste en Islandia tu aventura cinematográfica?
En 1978 fundé el Festival de Cine de Reykiavik y ese mismo año se creó la Fundación del Cine con la que empezamos a hacer películas. Ahora hacemos casi 7 por año.

¿Cuántas pantallas de cine hay en Islandia?
Unas 50, la mitad de ellas en la capital. En cuanto a la programación, la situación es parecida a la de muchos otros países: la mayor parte de las películas son estadounidenses. Aunque tenemos una presencia nacional del 10 por ciento.

¿Cuántos directores hay?
Unos treinta, pero la mayor parte sólo ha hecho un largometraje, y luego cortos o televisión.

Rodaste su primera película con Björk
Sí, en 1982. Tenía 14 años y aparecía en los carteles. Era un documental sobre el mundo de rock de Reykiavik.

¿Por qué no habéis hecho otras películas juntos?
Siempre hemos sido amigos. El guión de Falcons era para ella, pero después de Bailar en la oscuridad no ha hecho más películas.

¿La necesidad de un actor estadounidense viene del guión o también de exigencias de la producción?
En la película sólo hay lo que yo necesito. Nunca haría nada sólo por dinero o por otro motivo. No habría aceptado a Tom Cruise, por ejemplo. Está Carradine porque yo estaba buscando precisamente a un actor estadounidense que fuera un tipo tranquilo y con personalidad.

En Devil’s Island y Falcons, y también en 101 Reykiavik de Baltasar Kormákur, se intuye una idea de decepción de los jóvenes en Islandia
Hay frustración, la política es corrupta, es fácil que los jóvenes se enfaden. Pero Islandia es pequeña, en el restaurante te puedes encontrar al ministro de Cultura en la mesa de junto y, sencillamente, lo saludas. Es una comunidad pequeña, que se está volviendo cada vez más impersonal. Hay algo que bulle en lo más profundo del corazón, pero que aún no se rebela.

¿Cuáles son los lineamientos del movimiento cinematográfico islandés?
En 1968 alguien se fue al extranjero para estudiar como director y a su vuelta llevó a la pantalla nuestro patrimonio literario. Algunos hacen todavía cine, como Ágúst Gudmunsson, que en 2001, con La sonrisa de la gaviota, hizo el primer largometraje importante. Yo llegué diez años después, cuando quedé de finalista para el Oscar. Eso cambió muchas cosas, porque con el dinero que recibí pude construirme un verdadero estudio equipado. Y también empecé a producir películas, desde Wall Paper de Julius Kemp hasta The Silent Magician de Óskár Jónasson. Están surgiendo muchos jóvenes, Dagur Kári por ejemplo, que rodó su primer largometraje Nói albínói (Nói el albino) y ha logrado varios premios. Y Kristin Jóhannesdóttir, autora de Ass in Heaven; sólo ha hecho dos películas, pero la considero como una de las más importantes directoras de Islandia.

¿Sus colegas son directores de tiempo completo o parcial?
La mayor parte de nosotros no hace otras cosas. Pueden hacer publicidad, que yo no hago, o trabajar para la televisión.

¿Todo en Islandia?
Sí, algunas veces en los países escandinavos. La asistencia a nuestras salas es muy alta, el público islandés nos apoya bien. Luego, hacemos todo tipo de coproducciones, sobre todo con Alemania, los países escandinavos y ahora con Canadá, con el que tenemos un acuerdo, menos frecuentemente con Francia. El fondo europeo Eurimages ha sido de gran utilidad para nosotros, sin su apoyo no seríamos capaces de hacer películas.

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