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Isabelle Fauvel • Especialista en Desarrollo de Películas

El conocimiento del guión

por 

Isabelle Fauvel  • Especialista en Desarrollo de Películas

Con motivo del curso "Expertise du Scénario", que se celebrará en París el 25 y 26 de marzo y el 1° y 2 de abril 2010 y en el que participarán Isabelle Fauvel y otros siete ponentes, Cineuropa publica una entrevista acerca de la evolución de la escritura y del desarrollo de proyectos.

¿En qué fase revelarán los productores los proyectos a partir de ahora? ¿Reciben siempre el guión más o menos definitivo, la sinopsis o el presupuesto? ¿Ha evolucionado esto en los últimos 10 años?
Llevo más de 20 años en el oficio y no paro de escuchar quejas y reclamaciones relativas a la lectura de los guiones. En un momento de la carrera (e incluso durante toda ella) de todos los guionistas, directores y productores, se experimenta la dificultad de hacerse leer. Es una dificultad, para ser exactos, de ser leídos dentro de un plazo razonable (menos de tres meses) y de recibir una respuesta más detallada que el típico "a pesar de la calidad de su guión, nuestro plan de producción no nos permite aceptar un nuevo proyecto, bla, bla, bla...". Esta misma información podría haberse enviado el día que se recibió el guión y no deja progresar a nadie.
A veces, esta contestación, que consiste simplemente en una carta tipo, no llega nunca al que envió el guión (sea éste, de nuevo, un guionista, un director o un productor que esté buscando, por ejemplo, un co-productor). Sólo llegará después de un acoso hacia «la persona a cargo de la recepción de los proyectos», cuyo nombre ni siquiera lo conocen siempre sus interlocutores.
En definitiva, la lectura, la segunda lectura, es una fuente de problemas y de desánimo, de cansancio y decepciones y de relaciones que empiezan con mal pie.
Cuando se presenta un guión, rara vez se sabe quién va a leerlo, bajo qué criterios se va a valorar el trabajo, si la persona que lo lee tiene capacidad de decisión dentro de la empresa (cosa que no se da muy a menudo) o si está vinculada a quien toma las decisiones. La repercusión de la lectura, por mucha atención que a ésta se le haya prestado, suele ser meramente embrionaria, minimalista y truncada.
Ante tal constatación, de la que todo el mundo se queja al buscar soluciones improvisadas (la principal de ellas, ser recomendado a aquellos que queremos que lean el guión), está surgiendo el intento de enviar textos más breves acompañados de una carta de intenciones.
Así, la voluntad de los guionistas/directores/productores que envían textos más breves (tratamiento, en general) se basa en un cálculo muy sencillo: si se tarda tres meses en (hacer) leer 110 páginas, se tardará un mes en leer 20 páginas; de esta forma, sobre todo, se debería poder conseguir que esas 20 páginas las lea la persona a quien van dirigidas, y no un «lector».
Si el análisis fuera lógico y además diera sus frutos de vez en cuando, parecería que esta nueva práctica, al generalizarse, no soluciona todo. Lo importante es demostrar también que, aparte de ganar tiempo y eficacia, enviar un presupuesto muestra una evolución en las prácticas y deseos vinculados al desarrollo. Es un deseo de implicar al otro antes, de recorrer juntos el camino en lugar de reunirse en la Versión 1 o la Versión 5 de un guión que tendrá menos posibilidades de corresponder a las apetencias del otro.

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¿Qué es un buen lector?
Es una pregunta difícil; es como preguntar qué es un buen guía turístico, un buen guía de restaurantes, de vinos, etc. De hecho, un buen guía es aquel que ha asimilado nuestros gustos, apetencias, medios y necesidades. Si usted hace apología de un restaurante especializado en pescado y yo soy alérgica a él, podrá hacer una crítica magnífica, pero yo no iré y ambos habremos perdido el tiempo.
Por tanto, un buen lector es, en primer lugar, alguien que sabe por qué, en qué contexto y con qué expectativas lee. Además, es aquel que, confiando en su relación con el «cliente», se permite proponer de vez en cuando algo inesperado.
Sin embargo, usted me dirá que el lector no es quien elige el guión que debe leer, sino que, evidentemente, se le envía. Con todo, tales preconizaciones deben tener en cuenta la realidad de la empresa que encarga la ficha, sus expectativas, sus posibilidades de mercado... Así, no se debería hacer la misma ficha para dos productores diferentes, sino adaptarse a quien la financia. Ahora bien, para adaptarse al otro hace falta conocerlo.
No obstante, este esquema es poco habitual: pocos productores, distribuidores, etc. conocen personalmente a los lectores que contratan y pocas fichas son leídas. De esta forma, incluso un buen lector, que se dedica apasionada y diligentemente al análisis del potencial del proyecto que se le ha encomendado, tiene todas las probabilidades de desanimarse y volverse un mal lector al cabo de unos años.
Es un mal lector que ajusta las cuentas con la profesión, que aplica las fórmulas de análisis de proyectos que se le proponen y que prefiere la explicación fácil.
Sin hacer juegos de palabras, el buen lector (el adecuado) es aquel que tiene la posibilidad de aceptar o rechazar una reunión, un proyecto o al individuo que presenta el proyecto.
Si se reciben cada vez más tratamientos, es importante a su vez que los lectores aprendan a ver el potencial de una película condensada en 20 páginas que se asemejan más a un relato corto. En la práctica, esto tampoco es sencillo. El que tenga oficio sabrá en qué puede resultar un proyecto; en cambio, le costará más al que haya leído cien guiones en toda su vida y esté empezando su carrera.

¿De qué sirve leer los guiones?
Buena pregunta. En mi opinión, sirve para tres cosas fundamentales: para conocer un texto, una historia, un tema... (dependiendo de si requiere un co-guionista, un director, un productor, un distribuidor, financiación...); para conocer un autor: aunque el texto no interese porque, por ejemplo, no nos guste el género del proyecto o tengamos la sensación de haber visto ya la película, leyéndolo descubriremos buenas plumas de los medios audiovisuales; para apreciar las tendencias de lo que se escribe, de lo que fertiliza la mente y el imaginario.
Leer, por tanto, nunca es inútil, y tampoco leer uno mismo. Se debe seguir siendo algo homeopático si se quiere dar una opinión PROPIA, pues exceptuando las comisiones y los distribuidores, un productor independiente o un director sólo confiará, como es natural, en su propio gusto. Esto exige leer, ahora y siempre.

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